miércoles, 26 de septiembre de 2018

Flamenqueando: dedicado a mi compañero Juan Moncayo por su labor didáctica.

Pues eso mis primeras fotos de flamencos (Phoenicopterus ruber) con la Nikon P900. Todas tiradas en su focal mas larga, 2000 mm.









El flamenco (Phoenicopterus ruber) ave emblemática de nuestras tierras malagueñas, catalogada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie que necesita de una protección estricta del ecosistema donde cría y se desarrolla  -las lagunas salinas-.
Es una especie monógama que solo cambia de pareja cuando la muerte sorprende a uno de los dos. La reproducción es un acontecimiento social en el que se estimulan unas a otras con un característico baile durante el cual se van agitando sus alas. Poco después llega el momento de la formación de las parejas y la construcción del nido, con forma cónica y elevado, que construyen con el barro de la laguna y que suele perdurar durante largo tiempo.
Pero la cualidad más característica de esta elegante especie es su forma de alimentarse, pues la realiza boca abajo, razón por la cual la movilidad de su pico se invierte a como lo hacen el resto de las aves. La parte móvil es la superior, mientras que en el resto de las aves es la inferior.
Para la toma de alimento, el flamenco hunde el pico en el fondo de la laguna y realiza movimientos pendulares con la cabeza, hacia delante y hacia atrás, abriendo y cerrando el pico. Cuando lo abre le entra el limo con todas las partículas que lo componen, y cuando lo cierra las partículas son filtradas por una serie de finas cerdas que se encuentran en el borde de su pico, quedando atrapadas dentro de su boca los pequeños crustáceos, larvas de insectos y otro alimento que se encuentre en el fondo limoso de la laguna.
Para esta operación se ayuda de su lengua gruesa y musculosa, manjar de antiguos emperadores romanos tal como nos lo describe Stephen J. Gould en su libro La sonrisa del flamenco, “...Las lenguas figuran en algunos de los anales más tristes de la rapacidad humana. Los primeros ejemplos se remontan a aquellos infames episodios de gula gastronómica de como los emperadores romanos  Heliogábalo y Vitelio se hacian servir en sus banquetes bandejas llenas de lenguas de flamenco, que se hacian traer en grandes buques de guerra desde lugares tan lejanos como los estrechos de Hispania y el mar de los Cárpatos. Pero los flamencos, esas elegantes aves de color rojo encendido, obtuvieron un apoyo apasionado, tanto entre los poetas de la antigua Roma como entre los conservacionistas de nuestros días. En uno de sus más punzantes pareados Marcial atacaba la glotonería de sus emperadores (80 d.C.) haciendo especular al flamenco con las siguientes rimas :  Mis alas rojas me dan nombre, pero los epicúreos consideran sabrosa mi lengua. ¿Y si mi lengua pudiera cantar?”.


























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